La experiencia de la vida en su esencia humana permite que cada uno de nosotros se vuelva más objetivo mientras caminamos por el camino, descubriendo la subjetividad que hay en nosotros.

De verdad, nadie se conoce a sí mismo, pues todas las nuestras acciones tienen en el más secreto de nuestro ser, una justificación plausible capaz de hacer frente a los más descontentos, convirtiéndose en el mayor enemigo de nosotros mismos, condenando nuestra evolución y limitándonos en la oportunidad de mejora que cada día nos proporciona.

Trabajamos sin cesar para embellecer y conservar nuestro ser imaginario y descuidar nuestro verdadero ser. Buscamos las faltas de otros para justificar nuestra incompetencia y debilidad.

Pero, ¿por qué buscamos nuestra competencia en la tentativa de la demonstración de la incompetencia de los demás? Somos capaces de mirar el más pequeño defecto en los que nos rodean y somos tan limitados que no nos permitimos darnos cuenta de nuestras mayores limitaciones.

Por más elevados que seamos, miramos nuestras vidas filtrando nuestros patrones, valores y experiencias que no coinciden exactamente y están fuera de alineación con tantos otros que representan en su pluralidad, más saber, más conocimiento, más experiencia que el mayor eterno ser de nosotros mismos. Tener la humildad de querer saber quién somos realmente y cómo se evalúan nuestras acciones es de hecho la mayor de las inteligencias.

 

La franqueza

Partiendo de una educación basada con graves carencias: la falta de franqueza, creciendo a embellecer temas incómodos, a alimentar justificaciones infundadas, a no asumir las responsabilidades de nuestras acciones, sin tener en cuenta que las acciones tienen consecuencias.

En las organizaciones la falta de franqueza limita las ideas inteligentes, bloquea la toma de decisiones, no consigue lo que es más genuino en nosotros, convirtiéndose en el principal inhibidor de cualquier estrategia.

Para obtenerse franqueza es necesario practicarla, así es como todo valor florece y, por eso, es esencial que un líder a recompense, elogie y hable de ella. La franqueza permite jugar de manera justa, permite que más personas participen en la toma de decisiones, permite abordar los problemas de forma más rápida y objetiva, sin ruido, sin disturbios.

 

La humildad

Dentro de nosotros está la convicción de la invención de nosotros mismos. Es un todo ideal que soñamos luchar contra un todo real, a veces inconsciente. En la realidad, no somos lo que pensamos. Estrictamente hablando, somos lo que hacemos y conseguimos alcanzar, porque es así como somos apreciados y juzgados por quién nos rodean.

La humildad es sinónimo de aceptación de los demás, de sus ideas y de su naturaleza. Algunas personas son más inteligentes que otras, tienen más experiencia, son más creativas, otras tienen más poder o influencia, pero todas sin excepción deben ser escuchadas y respetadas.

Aquellos que ven en sus ideas la verdad absoluta nunca podrán vivir en armonía con los que les rodean. Buscan la perfección y en cada momento la rechazan por una postura abusiva y paradójica, de la inflexibilidad, arrogancia, crítica destructiva, no aceptación de feedback. Su futuro es limitado fatalmente.

En las organizaciones, como en los individuos, ser humilde no significa ser inferior a los demás, significa sí, conciencia de sí mismo, conciencia contextual y emocional. La autoconciencia nos permite conocernos a nosotros mismos – nuestra persona, nuestra personalidad. Tener conciencia contextual significa entender la organización y sus decisiones. Conciencia emocional significa no pisotear todo y pisotear todo el mundo para llevar a cabo nuestros ideales y sueños, que no tienen que ser construidos, destruyendo los demás y todo lo que nos rodea.

No se sorprenda cuando usted es rechazado. Para ser humilde, es necesario practicar la humildad, reconocer que nuestro punto de vista no es a veces mejor que de los otros, elogiar el trabajo de los demás, nunca hablar mal de los demás sin estar en su presencia. Sobre todo, pensemos que los demás son seres como nosotros.

 

El miedo

El miedo de las consecuencias es en sí mismo una de las principales causas de la externalización, porque invita al escape de la verdad. Hay infinitas causas para explicar por qué no es posible, se convierte en psicológicamente cómodo para rodear la falta de competencia, por la cantidad de variables del contexto. El miedo de la censura, el juicio, a la depreciación, nos lleva a la incesante búsqueda de justificación en el extranjero.

El fenómeno del miedo es una debilidad humana que se evidencia por la falta de confianza, que se construye por experiencias e historia de (no) éxitos. Este sentimiento es uno de los más complejos y según estudios recientes, el miedo se justifica por los momentos de frustración que han ocurrido en el pasado, los cuales ahora se intentan evitar a cualquier costo.

El trabajo de la educación es quizás uno de los procesos principales que más condiciona nuestro desempeño futuro. Nosotros observamos recurrentemente las situaciones de ausencia de feedback constructivo o la presencia exagerada del feedback negativo, o en muchas circunstancias una extrema protección que inhibe el desarrollo de cada ser que hay en nosotros.

 

Mejora continua

El error no está en nuestros defectos, pero en el hecho que no hacemos la mejora y la primera barrera es no tener la consciencia de ellos. Es en la interacción con los otros que encontramos desajustes, déficits de calidad, puntos de mejora, por lo que debemos aprovechar al máximo cada momento al utilizarlo para la contribución genuina en la mejora del ser que está en nosotros.

Comenzar por confrontar las nuestras acciones al juicio de quién nos rodean es un paso básico importante para despertar la nuestra conciencia y descubrir las mejoras infinitas que están en nosotros. Tal vez esta es una de las principales herramientas para el desarrollo profesional, tan ampliamente rechazado en una no aceptación ciega del feedback exterior.

Es fundamental que después de entender las causas inviertan en el plan de mejora. Más que las causas, las recomendaciones futuras son la palanca para el plan de acción y para la mejora continua.

No planificar nuestro camino es equivalente a planificar nuestro fracaso.

 

Por Leandro Pereira,

por RH Magazine Edicion Nov/Dec de 2011